El Rito de Conclusion de la Santa Misa


El rito de conclusión consta de los siguientes elementos:
- Algunos avisos breves, si son necesarios
- Saludo y bendición sacerdotal, que en algunos días y ocasiones se enriquece y amplía con la ”oración sobre el pueblo” o con otra fórmula más solemne.

- Despedida del pueblo por parte del diácono - al que le corresponde hacerlo si lo hay - o del sacerdote, con la que se disuelve la asamblea, para que cada uno vuelva a sus quehaceres, alabando y bendiciendo al Señor
- El beso del altar por parte del diácono y del sacerdote y después inclinación profunda de los mismos y de los demás ministros (OGMR 90).

Saludo y bendición
Los avisos que eventualmente se hubieren de dar al pueblo, tienen lugar después del rito de comunión y antes del de despedida.
Este paréntesis pone una nota más de familiaridad en la asamblea. Los puede dar una persona distinta del presidente de la asamblea.

La bendición, que está precedida del saludo litúrgico ordi­nario es muy antigua.
Al princi­pio la impartían el Papa u otros obispos mientras regresa­ban a la sacristía. Los presbíteros comenzaron a darla sólo en contadas ocasiones.
Desde el siglo XIII queda propia­mente integrada en el rito.

La Iglesia no quiere despedir a sus fieles con un seco: "Ya pueden marchar".
La bendición es un elemento más o menos efusivo, según las liturgias. Con él, en forma com­parable a lo que se hace en las despedidas de seres queri­dos, se manifiesta el deseo de que permanezca el recuerdo del encuentro y de que la felicidad acompañe a los que se van. El deseo lleva implícita la impetración del favor divino:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo Y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R: Amén.

Mientras lo expresa, el ministro traza con la mano la señal de la cruz sobre la asamblea.

La bendición ocupa de ordinario el lugar de la antigua oración sobre el pueblo, aunque para algunas ocasiones permanezca todavía dicha oración, que un tiempo fue ele­mento ordinario y luego permaneció para los días de cua­resma, por lo que ha sido considerada elemento peniten­cial.

Además de la bendición ordinaria, el misal propone una serie de bendiciones solemnes, utilizables "ad libitum" (o sea, si al presidente le parece oportuno), ordenadas en tres series:
- I Para celebraciones del propio del tiempo (Adviento, Navidad, etc.); - II para las de los santos;
- III para otras (dedicación de una iglesia, difun­tos).

Todas concluyen con la bendición ordinaria, ligera­mente ampliada. Su variedad es un nuevo enriquecimiento del misal. Transcribimos una como ejemplo:

El Dios de todo consuelo disponga los días de ustedes en su paz.
R: Amén.

Que El los libre de toda perturbación y afiance sus corazo­nes en su amor
R: Amén.

Para que, enriquecidos por los dones de la fe, la esperanza y la caridad, abunden en esta vida en buenas obras y alcan­cen sus frutos en la eterna.
R: Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
R: Amén.
El obispo bendice con la fórmula propia, haciendo tres veces la señal de la cruz sobre el pueblo.

Para ser dichas igualmente a voluntad al final de la Misa, de una liturgia de la palabra, del Oficio o de los sacramentos, se propone, asimismo, una considerable serie de Oraciones sobre el Pueblo, que de este modo aparecen menos ligadas a las celebraciones cuaresmales.
Pueden ser dichas incluso en las fiestas de los santos, para las que se incluyen modelos.

Son introducidas con la invitación:
In­clínense para recibir la bendición.
Y concluyen: Y la ben­dición de Dios todopoderoso... , etc.

Un ejemplo:
Afianza, Señor, el corazón de tus fieles y fortalécelo con tu gracia para que se entreguen con fervor a la plegaria y se amen con sincero amor fraterno. Por Jesucristo...

Despedida de los fieles
La traducción española no ha puesto una versión lite­ral, que sería muy seca en nuestra lengua y mentalidad, sino: Podéis ir en paz, más delicado como indicativo y con la inclusión del tema de la paz, que aparece en casi todas las liturgias.

Salgan en paz (éxite in pace), se lee en las Constituciones apostólicas; marchemos en paz (pro­cedamus in pace), dicen la liturgia bizantina y la milanesa; vayan en paz, vayan en la paz de Cristo o frases similares, en diversos ritos orientales; en el siríaco, un tanto amplia­do: vayan en paz, contentos, gozosos, y rueguen por mí.

También en la hispana: las celebraciones han concluido en nombre de Nuestro Señor Jesucristo Nuestra ofrenda o deseo ("votum") sea recibida en paz.

El pueblo responde con un “Demos gracias a Dios”.

Si a la Misa sigue alguna otra acción litúrgica (por ejemplo, exposición o bendición con el Santísimo) se omite el rito de conclusión.
La postura de los fieles durante todo el rito es de pie.
La postura para recibir la bendición es inclinados.


El canto de salida, puesto de moda, sobra.
No consta en el Misal un canto de salida, aunque algunos lo creen insinuado en la OGMR 90c. "Se disuelve la asamblea para que cada uno regrese a sus honestos quehaceres alabando y bendiciendo a Dios".

Si, por diversos motivos, conviniera cantar un Te Deum, una invocacion a Nuestra Madre la Santisima Virgen Maria, al patrono en su fiesta mientras se besa la reliquia, etc, habría que hacerse antes del "Podeis ir en paz".

Una "salida" de órgano tambien acompañaría adecuadamente a la comunidad silenciosa, enviada a ser testigo del evangelio y levadura del mundo.

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