Las vestiduras sagradas, los vasos y los colores litúrgicos


En la celebración litúrgica juegan un papel importante las Vestiduras Sagradas, que así es como hay que llamarlas y reservar el nombre de ornamentos para los elementos que adornan el altar y el presbiterio (SC 128). El presidente y los demás ministros de la celebración son los únicos que se revisten de modo simbólico para su ministerio.

En los primeros siglos del cristianismo no parece que los ministros se revistieran de modo especial, salvo las vestiduras romanas propias de los días festivos. Con el tiempo, al dejar de usarse estas vestiduras para el uso civil se mantuvieron para los actos de culto y de esas vestiduras derivan las actuales.

La vestidura litúrgica básica desde el presidente de la celebración a los acólitos es el alba (túnica blanca) que debe ir ceñida con cíngulo si no queda de por sí suficientemente ceñida al cuerpo, y con el complemento del amito si se precisa ya que su función es cubrir el cuello.
Los presbíteros llevan sobre el alba la estola (tira de tela de uso común para todos los ministros ordenados) colgada al cuello con el color litúrgico que corresponda. Los diáconos la llevan cruzada del hombro izquierdo a la cintura.
La casulla, que tiene su color litúrgico, es propia de los presbíteros y deriva del manto romano llamado "pénula". La debe llevar el que preside la celebración y en su evolución se ha pasado de las casullas en forma de guitarra, con abundante decoración y bordados a unas más prácticas y acordes a los tiempos actuales. Últimamente se está extendiendo una vestidura mixta que en una sola pieza podría definirse como alba-casulla.

Otras vestiduras sagradas son:
la capa pluvial,

el humeral (paño que se pone sobre los hombros para portar o dar la bendición con el Santísimo),


tiara pontificia (triple corona usada por los papas y suprimida por Pablo VI),


solideo (casquete que cubre la cabeza y se descubre ante el Santísimo y hoy exclusivo de los obispos),



mitra (insignia del obispo con doble pico),


dalmática (propia de los diáconos),

el roquete o sobrepelliz (que consiste en una especie de alba que se pone siempre sobre la sotana en algunas celebraciones y cubre por encima de las rodillas),


el palio episcopal que es una especie de estola de color blanca salpicada de cruces usado por los arzobispos a modo de escapulario,

las vestiduras corales de los canónigos y algunas más...

En definitiva, las vestiduras sagradas tienen una función pedagógica: distinguen a las diversas categorías de ministros identificándolos, contribuyen al decoro y a la estética de la celebración y con los colores litúrgicos ayudan a entender el misterio que celebramos.

En cuanto a los vasos sagrados los más importantes son: el cáliz o copa donde se pone el vino eucarístico, el copón para guardar las hostias consagradas y la patena, bandejita sobre la cual se deposita la hostia consagrada.


Otros que se pueden citar son: el ostensorio y las custodias, ambas para la Exposición y Adoración del Santísimo,

 las vinajeras con el agua y el vino,

la píxide (cajita más pequeña que el copón donde se lleva la Eucaristía a los enfermos)

y el ciborio (copa grande o copón con tapadera suelta).

La normativa sobre estos objetos hace referencia a que sean de materiales nobles, irrompibles e incorruptibles y que el cáliz no sea de material poroso.

En lo referente a los colores litúrgicos que la Iglesia emplea para celebrar los actos litúrgicos diremos que actualmente son cinco:
- el blanco, color de la verdad, para todo el tiempo pascual y navideño, para las fiestas del Señor (salvo excepciones), de la Virgen, de los santos y santas, confesores y vírgenes como partícipes de la Pascua de Cristo así como para el sacramento de la Unción;
- el rojo, color del martirio, para el Domingo de Ramos, Viernes Santo, Pentecostés, Exaltación de la Santa Cruz, fiestas del Espíritu Santo y fiestas de apóstoles y mártires pudiéndose usar también en el sacramento de la Confirmación;
- el verde, como esperanza de la venida del Señor se usa los domingos y ferias del tiempo ordinario;
- el morado, color penitencial, se usa en Adviento y en Cuaresma;
- el negro se podría emplear en misas de difuntos, aunque hoy está en desuso y su uso es facultativo.

También el rosa es color litúrgico, significando alegría y pudiéndose usar el III domingo de Adviento y el IV de Cuaresma en los llamados domingos de Gaudete y Laetare respectivamente.

También se pueden usar otros colores en grandes fiestas si el color supone una mayor solemnidad, como por ejemplo el dorado.

Con respecto a los colores de las vestiduras (sotana) de los clérigos el blanco es el color propio del Papa, el rojo de los cardenales, el morado para los obispos y el negro para los presbíteros.
El clero regular tiene sus propios hábitos.

El solideo, pieza de tela en forma de casquete que cubre la coronilla de algunas dignidades y que tiene el origen de su nombre (sólo ante Dios del latín soli Deo) ya que sólo se quita ante el Santísimo, en la Consagración y en la Adoración de la Cruz del Viernes Santo, tiene el mismo color que la sotana.
Las estolas van a juego con el color litúrgico del día.
Para administrar el sacramento de la reconciliación se debe usar estola morada (penitencial).

Terminamos con una breve referencia a los signos distintivos de los cardenales.
El color suyo propio es el rojo y signos distintivos son:
- El anillo como símbolo de fidelidad al Papa y

- El birrete rojo

El capelo, sombrero muy aparatoso con borlas rojas y las amplias capas hoy ya no se usan.
El tratamiento que les corresponde a los Cardenales es el de Eminencia Reverendísima.

1 comentario:

  1. Muy buen artículo. Pero también se podría añadir el color azul que utilizan algunos presbíteros en el día de la Inmaculada, el 8 de diciembre, ¿no? ¿También es facultativo? Gracias.

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